Soledad de quienes cuidamos.
Reflexiones

Soledad de quienes cuidamos.

Sensación de vacío, de incertidumbre, confusión y pena cuando recibía el diagnóstico de su hija; que coexistían con la alegría, la sorpresa, la motivación y la esperanza de comenzar el proceso de la maternidad.

Hola, ¿cómo están? les vengo a compartir este aprendizaje que aparece tras un dialogo con otra madre cuidadora. En la conversación observamos como en su situación de vida actual se actualizan sensaciones que antaño se ocultaron en su cuerpo. Sensación de vacío, de incertidumbre, confusión y pena cuando recibía el diagnóstico de su hija; que coexistían con la alegría, la sorpresa, la motivación y la esperanza de comenzar el proceso de la maternidad. Se nos planteaba la pregunta; ¿cómo hacer convivir todas estas emociones en un mismo momento? ¿y ahora a qué me aferro?

En general, en el camino como cuidadora una decide seguir sola, pensando que la responsabilidad es solo nuestra. Muchas de nosotras también experimentamos el abandono de las otras figuras importantes, y tal como ella me dijo, la familia está presente para los momentos de felicidad, pero cuando hay que llevar a terapia, hacerse cargo de las crisis emocionales o transitar por la encrucijada constante entre ¿trabajo o ejerzo mi rol de madre?, se suele volver a un lugar de vacío y silencio.

Cuando hemos reconocido ese lugar, hemos transitado por ahí, lo vivimos en el cuerpo, podemos hacernos podemos hacernos nuevamente la pregunta ¿debo vivir y hacerme cargo de todo esto yo sola? Aquí surgen en general, dos caminos: el de la disociación emocional, práctica, evitativa y planificadora; y el del apego, en el que construimos redes, abrimos vínculos, pedimos ayuda y mostramos la vulnerabilidad. Diría que, en mi experiencia, traída a la memoria por esta madre, una va haciendo un tránsito entre el estado frío y el cálido. Pero puedo asegurarles, que para muchas de las que cuidamos el primer camino es el que escogemos con más facilidad, pues aún existen muchos vacíos en el sistema, el contexto aún tiene muchas dificultades para sostener la fragilidad de la cuidadora. Basta con identificar el síndrome del cuidador, que aún permanece en el vacío político, salud mental y otras prestaciones. Pero como dice la Mercedes "no todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón", pues de este vacío también puede surgir la colaboración, la necesidad de apego a quienes comprenden y conocen nuestra realidad: la RED. Construirla y volver a confiar implica tiempo, voluntad y mucho amor propio, pero hacemos muchas tal como la madre que me vino a visitar, que creemos que un espacio de comunidad hace la máxima diferencia.

De allí entonces, que el desafío está en poder gestionar las sensaciones incómodas, para abrirme al segundo camino; el de la comunidad, que podrá adoptar diferentes formatos: presencial, online, de a una persona, grupal, hablado, escrito, danzado, para que nunca más tengamos que atravesar por el dolor del abandono o la soledad. Te invito a hablar. Un abrazo enorme.